jueves, 3 de septiembre de 2009

EL PEOR TEMOR DE TODOS

El temor a la pobreza es solamente un estado mental, pero es suficiente para destruir las posibilidades de alcanzar los logros de cualquier individuo o empresa. En Estado Unidos una encuesta reveló que la gente le teme más a quedar sin fondos para su jubilación que a la misma muerte. Este temor paraliza la facultad de razonamiento, de imaginación, elimina la confianza en sí mismo, destruye el entusiasmo, la iniciativa y el autocontrol. Le arrebabata a uno el encanto de la personalidad, destruye la posibilidad de pensar con exactitud, dsitrae la concentración del esfuerzo, domina a la perseverancia, reduce la fuerza de voluntad a nada, destruye la ambición, ensombrece la memoria e invita al fracaso en toda forma concebible. Mata el amor y asesina las emociones mas exquisitas del corazón, desanima la amistad en invita al desastre en cien formas diferentes, conduce al insomnio, la miseria y la infelicidad, y todo ello a pesar de la evidente verdad de que vivimos en un mundo de sobreabundancia de todo aquello que podamos desear, sin nada que se interponga entre nosotros y nuestros deseos excepto la falta de un propósito definido.
El temor a la pobeza es, sin lugar a dudas, el más destructivo de todos los temores, y es el más difícil de dominar. Nada produce tanto sufrimiento y humillación al hombre como la pobreza, sólo aquellos que la han experimentado comprenden todo el significado de esta afirmación. 
Cuando se le pregunta a la gente qué es lo que más teme, la mayoría contesta : "No temo a nada". La contestación es inexacta porque pocas personas se dan cuenta de que se encuentran amenazadas, obstaculizadas, fustigadas en lo espiritual y en lo físico por alguna forma de temor. La emoción del temor se halla tan sutil y profundamente enraizada que uno puede pasar la vida sobrellevándola sin llegar a reconocer jamás su presencia. Sólo un análisis valeroso pondrá al descubierto la presencia de este enemigo universal.
Algunos síntomas del temor a la pobreza son:

  • Indiferencia. Suele expresarse a través de una falta de ambición, de una predisposición a tolerar la pobreza sin protestar. Falta de iniciativa, imaginación, entusiasmo y autocontrol.

  • Indecisión. Permitir que los demás piensen por uno.

  • Duda. Expresada por medio de justificaciones y excusas para disculpar los propios errores. Envidia y crítica hacia aquellos que han alcanzado el éxito.

  • Preocupación. Suele expresarse  por el descubrimiento de faltas en otros, descuido del aspecto personal, la burla y el fruncimiento de cejas, la intemperancia en el uso de bebidas alcohólicas e incluso de narcóticos; nerviosismo, falta de severidad y de autoconciencia.

  • Precaución excesiva. La costumbre de mirar el lado negativo de toda circunstancia, de pensar y de hablar de posible fracaso, en lugar de concentrarse en los medios para alcanzar el éxito. Se conocen todos los caminos que llevan al desastre, pero nunca se buscan los planes precisos para evitarlos. Se espera "el momento adecuado" para empezar a ponerse en acción, hasta que la espera se transforma en un hábito permanente. Es el pesimismo.

  • Dilación. La costumbre de dejar para mañana lo que se debería haber hecho el año anterior. Pasarse mucho tiempo buscando excusas y justificaciones para no realizar el trabajo que se sabe que debe hacerse.
El temor a la pobreza es uno de los principales causantes de que las personas se nieguen a aceptar la responsabilidad de que cada quien es dueño de su destino, de la búsqueda de la riqueza y la felicidad. Es causante de la debilidad de la confianza en uno mismo y, a menudo, la total ausencia de la misma, así como de la definición de propósito, autocontrol, iniciativa, entusiasmo, ambición, frugalidad y una sana habilidad para el razonamiento. El esperar la pobreza, en lugar de exigir la riqueza. El asociarse con aquellos que aceptan la pobreza, y no buscar la compañía de quienes exigen y reciben la riqueza.
Tomado del bets-seller PIENSE Y HAGASE RICO de Napoleón Hill

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